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domingo, 2 de febrero de 2014

La muñeca de la noche

Érase una vez, hace mucho tiempo, una dulce y bella joven, que estaba enamorada de la noche. Ella vivía en un pueblecito, donde había mucha vida y pasaba desapercibida. Un día, llegó a la posada del pueblo un extraño hombre, todos le llamaban "el caballero", pues vestía traje y chistera, y hablaba a todos con gran propiedad. A la joven nunca le interesaron los hombres, ella era feliz con su oscuridad, pero algo quiso que aquella noche, persiguiendo la última luz de Venus antes de que se escondiera, su brazo fuese atrapado por los delgados y suaves dedos del misterioso caballero. 

-Disculpad mi atrevimiento, hermosa dama, pero llevo mucho tiempo tras vos, os he buscado durante tantos años... 

La joven no entendió nada, y permaneció en silencio. 

-Permitidme que me presente, soy el coleccionista de muñecas. 

-Yo... 

La chica dudaba en si decir su nombre, pero no tuvo tiempo a decidirse pues el joven, de un soplo, barrió la distancia entre ellos y suavemente posó sus labios sobre los de ella. En cualquier otra historia parecería un gesto bonito, en esta, significa un pacto indestructible. Ella se dejó llevar, la sensación de las caricias por su cuello, los dedos a través de su cabello... Sabía que algo estaba mal, la luna se lo gritaba, las estrellas titilaban extrañamente, pero la chica no se apartó, no lo hizo hasta que fue demasiado tarde. Abrió los ojos, y ya no había luna, ni estrellas, ni brisa, ni sonido que no fuera el de su respiración... SU única respiración. Miró directamente al sombrío caballero, que tenía su dulce sonrisa en el rostro, un rostro pálido, demacrado, casi... muerto. Unas enormes ganas de gritar se apoderaron de ella cuando aquellos insondables ojos grisáceos se clavaron en los suyos, mas no podía, no era capaz de moverse, de hacer ningún movimiento que no fuese respirar y parpadear. Entonces las lágrimas se derramaron por su rostro, y el caballero las apartó despacio, con cuidado. 

-No llores mi pequeña luna... pronto serás tan hermosa como la real, será ella quien te envidie a ti. 

La sonrisa no desapareció de su rostro en ningún momento, la tomó en brazos cual princesa y, en aquella habitación oscura aparecida de la nada, la tumbó sobre una blanda cama. La chica estaba inmovilizada por alguna fuerza, pero estaba viva, y a cada instante que aquel hombre loco le arrancaba una parte de su cuerpo para sustituirla por otra de tela, deseaba morir. El tiempo no existía en esa habitación, solo ellos dos. El hombre, mientras cortaba brazos y piernas y cosía sus sustitutos al nuevo cuerpo de la joven, jamás, jamás, dejó un solo instante de sonreir. Ella, mientras se retorcía de dolor internamente, guardaba con gran esfuerzo el recuerdo de la noche, de sus estrellas, de su luna... Cuando el caballero terminó, separó su silla de la cama, y se puso en pie para admirar su obra. Ahora, el cuerpo que llacía sobre la cama no era más que una muñeca de trapo, a tamaño real, que únicamente conservaba la mente y los ojos de la anterior víctima. El vestido, blanco, brillante, de boda, cubría las costuras que unían las partes de tela al cuerpo central de la pobre muñeca. Entonces, el joven, el hombre, el caballero, se deslizó silenciosamente hasta una pared que había junto a la enorme cama, y descubrió las cortinas rojas que ocultaban una gran vidriera ojival, a través de la cual, finalmente, pudo admirar su noche. Esto, en realidad, fue lo único que impidió la muerte de la joven, si podía morir, pues con la luz que su amado astro le brindaba, contempló, en un estado superior al mayor y puro terror que se podía sentir, la colección del coleccionista de muñecas. En cada lugar, una muñeca de trapo, hermosa, sonriente, viva. Las más cercanas a ella movieron los ojos en su dirección, la observaron. Si hubiese tenido estómago, aquella escena la habría hecho devolver la comida. Giró sus ojos en otra dirección, hacia la ventana. El caballero se tumbó junto a ella, y acarició sus labios con tanta delicadeza que la muñeca, tardó mucho en darse cuenta de que, a diferencia de las demás, ella no sonreía... La besó suavemente con su boca putrefacta y la miró a los ojos. Ante la joven, el rostro del coleccionista cambió, y se volvió bello y vivo, sonriente, salió de la cama y tomó una caja que había sobre la mesa. La miró. 

 -No me añores... volveré pronto, mi amor. 

 El hombre desapareció, con su corazón latente en aquella caja, hacia un lugar que ella nunca podría alcanzar, hacia la Luna. Cada muñeca tenía su caja, unas sobre las piernas, otras en las manos, pero ninguna alcanzaba, ni lo harían, a abrir la caja que contenía su libertad. Corazones sangrantes y bombeantes... eso era lo único que se escuchaba en aquel lugar, eso... y el dulce llanto de la noche, que juró no abandonar jamás a nuestra muñeca de trapo, y jamás fue de día en aquella habitación. Jamás cerró ella los ojos, jamás, apartó la vista de la vidriera ojival, que le mostraba su único y eterno amor, aquel que tenía su corazón, la Luna.



viernes, 31 de enero de 2014

The Raven ~ E.A.Poe

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary, Over many a quaint and curious volume of forgotten lore, While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping, As of some one gently rapping, rapping at my chamber door. "'Tis some visitor," I muttered, "tapping at my chamber door-Only this, and nothing more." 

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December, And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor. Eagerly I wished the morrow;- vainly I had sought to borrow From my books surcease of sorrow- sorrow for the lost Lenore-For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore-Nameless here for evermore. And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain Thrilled me- filled me with fantastic terrors never felt before; So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating, "'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door-Some late visitor entreating entrance at my chamber door;-This it is, and nothing more." 

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer, "Sir," said I, "or Madam, truly your forgiveness I implore; But the fact is I was napping, and so gently you came rapping, And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door, That I scarce was sure I heard you"- here I opened wide the door;-Darkness there, and nothing more. 

Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing, Doubting, dreaming dreams no mortals ever dared to dream before; But the silence was unbroken, and the stillness gave no token, And the only word there spoken was the whispered word, "Lenore!" This I whispered, and an echo murmured back the word, "Lenore!"-Merely this, and nothing more. 

Back into the chamber turning, all my soul within me burning, Soon again I heard a tapping somewhat louder than before. "Surely," said I, "surely that is something at my window lattice: Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore-Let my heart be still a moment and this mystery explore;-'Tis the wind and nothing more." 

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter, In there stepped a stately raven of the saintly days of yore; Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he; But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door-Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door-Perched, and sat, and nothing more. 

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling, By the grave and stern decorum of the countenance it wore. "Though thy crest be shorn and shaven, thou," I said, "art sure no craven, Ghastly grim and ancient raven wandering from the Nightly shore-Tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!" Quoth the Raven, "Nevermore." 

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly, Though its answer little meaning- little relevancy bore; For we cannot help agreeing that no living human being Ever yet was blest with seeing bird above his chamber door-Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door, With such name as "Nevermore." 

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only That one word, as if his soul in that one word he did outpour. Nothing further then he uttered- not a feather then he fluttered-Till I scarcely more than muttered, "other friends have flown before-On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before." Then the bird said, "Nevermore." 

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken, "Doubtless," said I, "what it utters is its only stock and store, Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster Followed fast and followed faster till his songs one burden bore-Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore Of 'Never- nevermore'." 

But the Raven still beguiling all my fancy into smiling, Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and door; Then upon the velvet sinking, I betook myself to linking Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore-What this grim, ungainly, ghastly, gaunt and ominous bird of yore Meant in croaking "Nevermore." 

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom's core; This and more I sat divining, with my head at ease reclining On the cushion's velvet lining that the lamplight gloated o'er, But whose velvet violet lining with the lamplight gloating o'er, She shall press, ah, nevermore! 

Then methought the air grew denser, perfumed from an unseen censer Swung by Seraphim whose footfalls tinkled on the tufted floor. "Wretch," I cried, "thy God hath lent thee- by these angels he hath sent thee Respite- respite and nepenthe, from thy memories of Lenore! Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!" Quoth the Raven, "Nevermore."

"Prophet!" said I, "thing of evil!- prophet still, if bird or devil!-Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore, Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted-On this home by horror haunted- tell me truly, I implore-Is there- is there balm in Gilead?- tell me- tell me, I implore!" Quoth the Raven, "Nevermore." 

 "Prophet!" said I, "thing of evil- prophet still, if bird or devil! By that Heaven that bends above us- by that God we both adore-Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn, It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore-Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore." Quoth the Raven, "Nevermore."

"Be that word our sign in parting, bird or fiend," I shrieked, upstarting-"Get thee back into the tempest and the Night's Plutonian shore! Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken! Leave my loneliness unbroken!- quit the bust above my door! Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!" Quoth the Raven, "Nevermore."

And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting On the pallid bust of Pallas just above my chamber door; And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming, And the lamplight o'er him streaming throws his shadow on the floor; And my soul from out that shadow that lies floating on the floor Shall be lifted- nevermore!

domingo, 27 de octubre de 2013

Ungrateful...

Amanda volvió a gritar, su voz quebrada, su garganta dolorida. Nadie podía oírla, nadie iba a salvarla, ni hoy... ni nunca. Su piel estaba amoratada por todos lados, su rostro cubierto por el cabello oscuro que se le pegaba lleno de sudor y sangre. Los golpes se sucedían, los empujones, las patadas. No quedaban lágrimas que pudieran acudir a sus ojos, no había nadie que llorara por ella.


Su casa parecía grande comparada con aquel sucio servicio donde cada día... cada minuto... Con los ojos vacíos subió a su cuarto, la mochila tirada en la cama, los zapatos por el suelo. Se atrevió a mirarse en el espejo, y lo que vio sí la hizo llorar. Sus dedos acariciaron el reflejo, sus labios respiraron, sus palabras susurradas se esfumaron.


-Yo te salvaré.


Se giró hacia la ventana, miró el celeste cielo sobre ella, y luego el gris suelo bajo ella... Una última y triste sonrisa se asomó a su boca, luego, nada. 



domingo, 6 de octubre de 2013

El ángel...

Aquella noche hacía frío, pero nosotros no podíamos sentirlo en nuestra habitación cálida. Recuerdo tu rostro, sereno, impasible, inalterable... irreal. Tu respiración tranquila, pesada por mi cuerpo sobre el tuyo, y la mía, agitada y revuelta. Dejé mi mejilla contra tu pecho desnudo, tomé de tu fragancia lo q nadie tomó, y aun sabiendo q no fui la única, me sentí especial entre tus brazos. Bebí con mis ojos tus labios, no pude resistirme a tu hermosa garganta, cerré los ojos al sentir tu piel bajo mis dedos... Los hombros altos, fuertes, la perfecta forma del pecho y el abdomen. Seguí bajando, jugué con mis dedos, y sonreí al escuchar el apenas perceptible suspiro q soltaste, pero fue mas q suficiente para mi, y enredé mis piernas entre las tuyas, ágiles como nunca las vi. Antes de cerrar los ojos ya estabas sobre mi, aprisionando mis muñecas, tus manos suaves y cuidadosas. Mi espalda se curvó, solo al sentir tu boca sobre mis pechos, solo al sentir el frío contacto de tu lengua sobre mi piel. Puedo alargar la mano, puedo acariciar tus alas... no eran traslúcidas como espere, pero tampoco tangibles. Un sueño, todo parecía un sueño, y tus labios seguían bajando, seguían robando el aire de mis pulmones sin tocarlos. Te detuve con la mano, me miraste, me sentiste, por un momento... me quisiste. Y tu boca volvió a la mía, y tu pecho frente al mío, nuestras caderas una contra la otra, nuestros pies jugueteando. Me rodeaste con tus brazos, me sentí pequeña en ellos, pero también amada, cerré los ojos, mordí mi labio, acaricie tu espalda gélida y fuerte. ¿Recuerdas aquello que te susurré? Fue justo antes de echarme a llorar en tu imperturbable pecho...

-Ámame.

Esperaba q respiraras, q tus labios siguieran cerrados sobre mi cabello, enterrado tu rostro, pero lo levantaste, y aquello que dijiste fue peor que cualquier cosa, cualquier silencio, cualquier palabra...

-No puedo.




Una vida

La joven miró con decisión a la mujer q tenia en frente y apretó en gatillo. O al menos... lo intentó. La palanca se resistía, estaba demasiado dura y no tenia suficiente fuerza. 


-Maldita sea...-murmuró.


-Cada vez q aprieto el gatillo, pienso en si la vida q estoy a punto de arrebatar, verdaderamente merece la pena.


Una lágrima resbaló por la mejilla de la chica, pero aguantó el llanto y borbotó algo:


-¡¡Tú mataste a mi padre!!


Se veía el dolor en el rostro de la mujer, q no apartaba los ojos de la joven armada.


-Si eso es lo q piensas-le respondió-, adelante, mátame.


Se adelantó para posicionar el cañon sobre su pecho y poniendo el dedo en el gatillo sobre el de la chica, disparó la pistola. Sonó un ruido sordo, ahogado por la tela, y finalmente la chica rompió a llorar en el hombro de la mujer.


-Lo siento...


-No existen excusas para matar, ni siquiera cuando es tu propia vida la q peligra. Nunca... quieras llevar el peso de una muerte sobre ti.


El arma estaba vacía, la chica confundida, y la mujer recordaba con dolor cuando, hace tiempo, fue ella la q lanzó una bala con todas sus fuerzas y se arrepintió en décimas de segundos después, sabiendo q no había vuelta atrás.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Love isn´t always fair



Ella lo miró, y él a ella, como diosa y dueña de su corazón que era. La habitación estaba en sombras, silenciosa, solo dos respiraciones agitadas eran escuchadas. Ashley, de rodillas ante la jóven, se volvía a preguntar de q manera aquella criatura tan hermosa se había fijado en él, y como le había robado su inocencia con una enferma melodía de amor. Sus ojos la recorrieron cuan pequeña era, cada curva y sinuosidad de su cuerpo, ahora descubierto para él, le llamaba, y solo podia pronunciar dos palabras…: “Take me.”

Fuera de ese momento, nada era perfecto. Ella tenia a otro, era feliz, y Ash… no, no sin ella. Era probablemente lo único q no podia tener, pero tambn lo unico q necesitaba. Si los dos se amaban ¿porq entonces no pueden estar juntos? ¿porq el otro era tan importante para ella? Era la mujer a la q mas había amado, era la q mas le había querido.

El día q la conoció en aquel bar, sentada y alegre, el día q sus besos de rosa fueron robados y sus labios probados, se hundió como nunca había hecho, se enterró en el océano mas profundo y solo pudo nadar, nadar hacia ese amor que lo salvaría. Apareció el otro, con su mirada altiva, retándole a una carrera de corazones por los momentos pasados… por ella. Ash la miró, solo era una fantasía, pero compartida, parecia lo suficientemente real como para darlo todo por ella. Y volvia a repetirle: “Take me…”

Seguía arrodillado frente a ella, rezando para q se hiciera eterno, q nunca acabara aquella noche en q ella le pertenecía… y el era pertenecido. La tomó suavemente por las caderas, la tumbó y despacio, muy despacio, empezo a besar sus hombros, su cuello, sus labios. Quería recorrer cada parte de ella, cada pequeño hueco de piel q tuviera a su alcance, viajar por su cuerpo como si lo estuviese descubriendo por primera vez, tomando todo lo q le daba, mientras ella le suplicaba q nunca parase, y el seguía… porq tampoco quería parar. Lo quería todo, de ese amor temporal, cuyo tiempo se acaba, justo ahora.

El mismo bar, la misma noche fría y estrellada, las mismas personas… y el otro. Ash se dirige hacia el furioso, con los ojos empañados conteniendo las lágrimas. Descarga su puño, grita, recibe satisfecho el golpe de vuelta y sigue. Pronto ambos acaban fuera, bajo la oscuridad de la noche, y bajo la mirada de ella. No se detienen hasta que Ash es alcanzado cerca de su ojo izquierdo, y la jóven corre  hacia él gritando su nombre. El otro se da la vuelta y se aleja, mientras Ashley, dolorido, se levanta del suelo y la mira de forma amenazadora. Ella, pasando por alto sus ojos, se lanza hacia él y lo besa, como no había hecho nunca, un beso salvaje y desgarrador. Ash seguía rogandole, en medio de aquel beso: “Take me!” Pero ella se separa, y después de contemplar un momento mas su rostro, gira impasible sobre sus talones y sigue los pasos del otro, solo un poco mas adelante. Siempre sería lo q nunca pudo tener, pero siempre lo mejor q tuvo. En ese momento, solo las estrellas lo abrigaban de la fría noche; no llovía, pero sus lágrimas eran la prueba de la tormenta q se desataba en su corazón, mientras se ahogaba en el océano de aquellos labios q amaba. Cerró los ojos con fuerza, cogió aire entre sollozos y pronunció en un susurro unas últimas palabras para ella…


-Love isn´t always fair.

sábado, 4 de febrero de 2012

Mi historia...

Érase una vez, una niña extraña... cuya historia os contaré ahora.


La niña se sentó en un pequeño bordillo que había en el patio de su colegio. Tenía la mirada perdida...pero observaba a todos. Un chico de su clase se le acercó y le dijo:


-Oye, ¿que te pasa?


La niña lo miró con cara inexpresiva...


-Nada.


-La profesora me ha dicho que hable contigo.


-No hace falta, estoy bien.


-Ya... no estoy muy seguro.


La niña volvió a mirarlo, esta vez con los ojos tristes.


-Mira, yo te caigo mal igual que a todos. Solo estás aquí por la profesora, déjame en paz. No quiero que se metan contigo también.


-Vale.


El niño se dio la vuelta y fue con sus amigos. Desde lo lejos, la chica escuchaba lo que canturreaban sus amigos.


-¡A Sergio le gusta la niña rara! ¡A Sergio le gusta la niña rara!


Pero la niña rara llevaba toda su vida escuchando eso, y volvió a su pequeño cuarto. Una habitación que estaba en su mente...oscura e invisible. Donde nadie podía hacerle daño, donde no sufriría jamás.


Pasaron varios años, y la niña creció. Ahora tiene 12 años, y no ha cambiado nada...


-No puedes quedarte ahí sola, tienes que estar con niños de tu edad.-le dijo la profesora.


-Y lo estoy.


-Ir con los chicos no es estar con gente de tu edad.


-Pero sí son de mi edad.


-Yo me refiero a que hables un poco con las chicas.


-Vale...


Así la conversación se dio por terminada. La niña solitaria se fue hacia un pequeño grupo de chicas de su clase, porque sabía que la profesora la vigilaba.


-¿Otra vez te ha vuelto a regañar?-preguntó una de las chicas.


-Sí...


-Bueno, ya quedan 5 minutos.


Al día siguiente, volvió a irse con los chicos. Antes estaba sola, pero desde que los profesores hablaron con sus padres...tuvo que buscarse a alguien que no le importara que estuviera con ellos. Los chicos no preguntaban, simplemente hablaban de videojuegos y más videojuegos. Ella no tenía que decir nada, solo estar cerca. Pero ya había pasado 4 años llendo con los niños, y los profesores se habían dado cuenta. Así pasó un año entero, y las chicas empezaron ha ir con ella. Le contaban secretos sobre los niños que les gustaban, o lo que deberían hacer. Con 13 años, ya tenía un pequeño grupo de "amigas", aunque seguía lléndose con los chicos. Ahora con 14...esas "amigas" son solamente 3 chicas muy simpáticas que no llevan comillas en sus nombres. Pero la niña extraña sigue igual de solitaria en su corazón, porque hace poco salió de su cuarto mental. Y perdió la llave, aquella que podía esconderla del mundo... del sufrimiento... y del dolor que le provoca un chico. Ahora sufre en silencio, engañando a la gente, a sus amigas y amigos... a ella misma...


Esa niña que sufre por tí...esa chica solitaria que se esconde de tu mirada...esa niña que te ama...soy yo.






Yo...

¿Qué sentido tiene la vida? Para mí, ninguno. Todos piensan que vivimos por y para los demás, pero eso solo es un engaño que provoca el amor. Crees que eres especial, siempre lo hemos hecho y siempre lo haremos. Somos personas, nos mentimos, nos matamos unos a otros y sufrimos por los demás. Como dice un amigo mío, tenemos corazones de hielo, se derriten en primavera, pero muy pocos sobreviven al frío invierno… y lo hacen mediante engaños a sí mismos. Te odio a ti, las odio a ellas, sóis lo único que me ata a esta existencia… lo único que no me permite tirarme por la ventana o… cualquier cosa que me libere de lo que siento. Sois culpables, todos vosotros que estáis en mi inútil vida, que pensáis en mí como una persona feliz… culpables de mi sufrimiento, aunque también de mi felicidad. Me gustaría volver atrás, no haberos conocido… seguir siendo aquella chica extraña que pasaba las horas con la mirada perdida, sola, y pudiendo acabar con su vida en cualquier momento… sin que nada ni nadie la detuviera.